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Foto: marcp_dmoz http://www.flickr.com/photos/marcp_dmoz/ |
Sí. Es Semana Santa y es casi forzoso hablar de la Iglesia, de Dios, de Cristo, de la religión. Entonces aprovecho para contarle a mis amigos ateos, agnósticos, panteístas, apóstatas o paganos (ninguno de estos términos los uso de forma despectiva y quienes los ostentan son orgullosos de ellos) cuál es el sentido de celebrar una vez al año esa Semana Santa que para ellos puede parecer polémica, anticonstitucional, dañina o, por lo menos, inútil.
Nosotros, los cristianos, los católicos, creemos que los hechos que se conmemoran en estos días son hechos históricos, que en verdad ocurrieron en la forma como son narrados en los Evangelios. Hago esta aclaración para que puedan comprendernos. Si las cosas sucedieron de la forma como nosotros creemos que sucedieron, entonces lo que hacemos en Semana Santa es totalmente insuficiente: no sólo habría que celebrar una semana al año, sino una cada mes o todas las semanas. Porque lo que se celebra es el sentido mismo de la vida y la comprensión de la relación entre Dios y los hombres.
El pasado domingo escuché la mejor predicación de Semana Santa de mi vida. Resumió en una frase lo que hacemos (o deberíamos hacer) cada año en esta época. Hacemos esto para recordar, descubrir e interiorizar la "gramática eucarística de la vida". Gramática. Qué hermoso término. Cómo hablar y escribir nuestra vida. Encontrar el sentido de la vida, entender ese sentido, vivirlo. Y, ¿cuál es ese sentido, esa "gramática"? Es exactamente el de los acontecimientos de la Semana Santa: la pasión, muerte y resurrección de Jesús: La vida es un don recibido para ser entregado.
Jesús entrega su vida para salvar a toda la humanidad. Entender esto requiere un contexto teológico sobre la relación entre Dios y los hombres, la naturaleza del pecado y la necesidad del perdón y la expiación. No me voy a detener a explicar todo esto. Simplemente lo resumo en que era necesario un sacrificio y que Jesús decidió asumirlo, en grado universal. Pero lo que trasciende ese relato de su muerte en la cruz está explicado en los signos que él mismo, previamente, realizó para sus discípulos para prepararlos.
El relato de la pasión y muerte de Jesús es, para nosotros, el mayor acto de amor de la historia de la humanidad. Un acto de amor universal, que se entrega por los buenos y por los malos. Un Dios hombre que muere cruelmente por los mejores y los peores de nosotros. Que da la vida por Hitler, por Stalin, por Paul Pot, por los terroristas, por los sacerdotes pederastas, por los violadores, los corruptos, los ladrones, los asesinos, los torturadores, los explotadores, por todo lo más bajo y malvado, por mi, y por ti. Allí, en la cruz de Cristo, cuelgan todos nuestros pecados y maldades. Para que tengamos esperanza.
Gracias a esa muerte, gracias a esa entrega, a ese acto de amor, nosotros creemos que hay una esperanza para cada ser humano, una posibilidad de redención que permite que hasta el peor de los malvados pueda, si acepta el amor de Dios, cambiar, obtener el perdón y trabajar para reparar el daño que ha causado. Si los terroristas, los pederastas, los violadores, los corruptos, los ladrones, los asesinos, los torturadores, los explotadores, si todos ellos pueden redimirse, cambiar, hacerse buenos, pagar sus crímenes y ganar la salvación, entonces tú y yo también podemos ser perdonados. Entonces esos rincones oscuros de nuestra vida que nos atormentan en silencio podrían ser iluminados. Esos actos, esos errores irreversibles ya no determinan nuestra existencia, ya no nos convierten en eso que aborrecemos. Tenemos una segunda oportunidad para dejarlos de lado y concentrarnos en mejorar nuestra vida, y hacerle la vida más feliz a los que nos rodean. Podemos abrirnos y recibir ese amor de Dios. Podemos amar.
Muy seguramente usted, querido lector, no tendrá la experiencia de la culpa y el remordimiento como la podría tener, por ejemplo, yo. Pero para personas como yo, sí es necesaria esa esperanza. Puede ser por mi debilidad de carácter, puede ser por mi ignorancia o por mi falta de capacidades intelectuales. Pero esa necesidad de religión es importante para mí, y considero que esa es una realidad que merece respeto por parte de aquellos que no la viven, que no la comparten.
A mí me hace falta pensar en esta historia, recordarla al menos una vez al año, y preguntarme qué he hecho y que haré para entregar a los demás esta vida que he recibido de Dios. Con algo de ingenuidad, podrían creer que servirá para algo, o al menos concederme el beneficio de la duda.
Existen muchas otras facetas de la celebración de la Semana Santa. Sin embargo creo que ésta es la más esencial. Espero que este contexto les ayude a comprender cómo es que llegamos a tener estos dos días de descanso laboral que tantas personas emplean en sus prácticas religiosas. Si esto, como lo interpreto de muchos trinos, es en verdad tan molesto y repugnante para los demás, les pido entonces mucha paciencia y tolerancia. Les pido eso sí, perdón por las desviaciones que la misma ha tenido en la práctica y la falta de testimonio que podamos dar durante los días santos. Pero estamos tratando. Estamos tratando.